¿Qué es la terapia miofascial?

26 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el fisioterapeuta Joseph Wickman
La fascia recorre gran parte del cuerpo, por lo que se puede ver afectada por dolencias en varias estructuras distintas.
 

El objetivo de la terapia miofascial es eliminar el dolor y las restricciones de movimiento que estén asociados con la fascia del cuerpo. Es una técnica frecuentemente aplicada en fisioterapia, con resultados inmediatos.

¿Qué es exactamente la fascia?

Lo primero es tener claro este concepto. La fascia es una red continua de tejido conectivo que envuelve numerosas estructuras del cuerpo. Evita que las estructuras como los huesos, las articulaciones y los músculos se rocen entre sí y favorece la movilidad y la transmisión de fuerzas.

Al ser una red continua, cualquier interrupción, impedimento o rotura va a provocar una serie de síntomas que no tienen necesariamente que estar relacionadas con el área donde se ha producido la lesión.

Es importante señalar que esta red se irá adaptando a los estímulos y tracciones. Se transformará para adaptarse a los cambios del cuerpo, por lo que si existe una lesión, se podrá trabajar para volver a la normalidad.

La terapia miofascial

El objetivo de la terapia miofascial, por lo tanto, será la de reestablecer la normalidad de este tejido. Trataremos de eliminar restricciones que pueden estar causadas tanto por efectos físicos como traumatismos, estiramientos excesivos o cicatrices, o psicológicos, como trastornos de ansiedad o episodios de depresión.

Existen cuatro formas de aplicar este tipo de terapia:

 
  • Inducción miofascial: esta categoría consiste en estiramientos y presiones leves mantenidos en el tiempo, cuyo objetivo es reestablecer la normalidad del tejido. Se trabajará tanto la fascia superficial como la profunda, dependiendo de la presión ejercida sobre la zona del cuerpo afectada.
Terapia miofascial para la fascitis plantar.

  • Liberación directa. Esta técnica consiste en aplicar presiones y realizar movimientos constantes con los nudillos u otras partes del cuerpo sobre una zona concreta. Se hará uso de una buena dosis de presión, y trabajará principalmente la fascia profunda.
  • Liberación indirecta. Se busca tratar los tejidos a distancia. Por ejemplo, si la restricción está en el hombro o el codo, el terapeuta cogerá de la muñeca al paciente. A continuación, colocará el brazo en la posición adecuada y aplicará un leve estiramiento, que mantendrá durante varios minutos. Recordemos que la fascia es un tejido continuo. Así, esta técnica es como colocar bien el mantel de la mesa del comedor. Si está arrugado hacia un lado, tiramos del extremo hacia el lado opuesto, lo cual hará que se estire y recupere la normalidad.
 
  • Terapia activa. En esta modalidad, el terapeuta aplicará fuerzas al cuerpo del paciente, pero le pedirá a este último que trate de impedir los movimientos. Es decir, que luche contra las fuerzas. De esta manera, las propias contracciones musculares ayudan a redirigir el tejido conectivo que les rodea.

En todos los casos, estas técnicas son indoloras, suaves y no invasivas. Sin embargo, lo más normal es que no se apliquen en una sesión por sí solas. La terapia miofascial se podría combinar con la punción seca si se han detectado puntos gatillo activos en los músculos, o con otras movilizaciones, ejercicios o estiramientos que sean de aplicación en cada caso.

Beneficios de la terapia miofascial

Al recubrir un gran número de tejidos, estas técnicas se aplicarán en distintas situaciones que pueden no parecer estar asociadas. Así, la terapia miofascial puede ayudar con el dolor de espalda, de hombro, con tendinitis, fascitis plantar, fibromialgia, e incluso con dolores generalizados tras una época de alta carga emocional.

El codo también es propenso a lesionarse en la escalada deportiva.
 

En todos estos casos y muchos más, es posible que el terapeuta incluya técnicas de terapia miofascial en sus sesiones, ya que la fascia puede ver alterada su continuidad en numerosas situaciones.

Como hemos dicho al principio, los objetivos son reducir el dolor y recuperar la movilidad normal. Si el terapeuta es capaz de diagnosticar que la fascia puede estar involucrada, no requerirá más que unas pocas sesiones para producir una mejoría notable.

 
  • Ana Isabel U., Alicia H. Liberación miofascial aplicada en un paciente adulto con daño cerebral. Biociencias. Número 6 (2008).
  • Iván R. Efectividad de la terapia de liberación miofascial en el tratamiento de la cervicalgia mecánica en el ámbito laboral. Tesis doctoral, Universidad de A Coruña (2011).
  • Manuel R. Tratamiento del síndrome cervical con terapias miofasciales. Tesis doctoral, Universidad de Cádiz (2017).